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Cómo despedirse de la hija que nunca existió

En este relato en su blog, Ayla narra, entre otros, uno de los tipos de discriminación que más a menudo sufren las personas con trastorno de salud mental, la sintomatización. Es decir, aquel episodio de discriminación que surge a menudo cuando tu entorno atribuye un estado de ánimo perfectamente natural (de felicidad, de tristeza, de rabia) a tu diagnóstico por depresión, TDAH, TOC, esquizofrenia, anorexia, etc. y te menosprecia identificándolo como un síntoma más. 

 

Microdiscriminaciones - Sintomatización: "El otro día estaba embarazada de mi hija inexistente. Le puse nombre, durante un mes, MIR de Miracle o Mirall. Además yo sabía que era una niña.

He tenido retrasos antes, y nunca me han preocupado, hasta llegué a estar un año con amenorrea por problemas emocionales.

Pero el mes pasado mi periodo no llegaba, mi barriga se hinchó levemente, durita. Mis pedos emergían de mi vientre como espíritus asustados. Como dice un cómico que me encanta, mis pedos huelen a princesa, síii, a ¡princesa muerta! Y la operación de pechos gratuita, dos tallas, duros, erguidos y bien puestos.

La micción se hacía cada vez más fuerte y frecuente, el dolor de tripa acompañado de las náuseas matutinas tan agradables, los ascos a la comida y a los olores. Hasta los sobacos olían raro, raro. Mi olfato sentía más olores que el protagonista del libro de 'El Perfume' (tranquilos, no aniquilé a ninguna prostituta). Mis piernas cansadas, mi cansancio agotador y el sueño constante eran mis aliados.

Mi cabeza embotada, algunos olvidos tontos, y mis antojos… soy casi vegana, bueno, como se diría ahora en Barcelona, flexiteriana. ¿Pero sabéis qué me hizo comer mi hija en un mismo día? ¡¡¡Dos latas de mejillones y un filete de caballo!!! OMG, no fui yo, fue ella. Así que mi dieta 'cool' sigue intacta.

Por no hablar de mi labilidad emocional, cual Bridget Jones, en sus momentos más oscuros, el helado de chocolate (gluten-sugar-lactose free, of course) y la película: 'PS te quiero'. ¡Lágrimas aseguradas para horas! Me faltó 'El diario de Noah'. La dejo para el próximo día gris de sofá y manta.

La mejor parte, ¿el posible padre?

Cuatro opciones: uno con pareja del que nos medio-enamoramos pero ya no me contesta los mensajes, otro extranjero casado y con un hijo de tres meses, un soltero empedernido que solo he visto dos veces y justo después va y encuentra el amor de su vida y mi actual amante, 33 años mayor que yo, que no quiere tener hijos… No sé qué opción era peor, ay perdón, ¡mejor! Pero yo quería los ojos de... el pelo de… el carácter de… y el arte de… MIR sería una mezcla exquisita; solo mía y yo suya.

Un mes y medio con este cóctel molotov de hormonas, pensamientos y sensaciones nuevas. Sola, nervios, malestar, estrés, miedo… jugaron malas pasadas. Al final mi periodo llegó, después de dos días de contracciones abdominales y mucho dolor. Sola.

El malestar siguió y cuando fui a mi médico de cabecera en Sabadell me dijo que no estaba embarazada, que tenía demasiados síntomas juntos para que fuera real… Ni me palpó, ni me mandó hacer una eco o una analítica… ¿el motivo?

Quizá el diagnóstico psiquiátrico que aparece en la pantalla del doctor cada vez que abren el ordenador: ¡L O Q U I T A!

Por suerte aún queda gente maravillosa en este mundo y acudí a mi médico privado naturista que hace terapia neural. Me escuchó, entendió y trató sin juzgarme a las diez de la noche después de su jornada laboral (fui sin avisar, desesperada). Al día siguiente estaba peor, pero ahora ya no queda rastro de la hija que nunca existió en mi cuerpo o mente. Me limpió, física y emocionalmente.

También acudí al comadrón del hospital de Tremp, donde resido actualmente, me hizo una analítica de sangre para comprobar que todo estuviera correcto. Un hombre dulce y encantador.

Adiós, MIR. Te libero. ¡LO SIENTO, PERDÓNAME, GRACIAS, TE AMO! Lo siento, no era tu momento; perdóname por no poderte traer a este mundo; gracias por compartir conmigo un mes y medio de vida intrauterina, me sentí acompañada por primera vez en muchos años; te amo, espero que vuelvas pronto, para quedarte.

Con amor, xxx"

 

 

En este relato en su blog, Ayla narra, entre otros, uno de los tipos de discriminación que más a menudo sufren las personas con trastorno de salud mental, la sintomatización. Es decir, aquel episodio de discriminación que surge a menudo cuando tu entorno atribuye un estado de ánimo perfectamente natural (de felicidad, de tristeza, de rabia) a tu diagnóstico por depresión, TDAH, TOC, esquizofrenia, anorexia, etc. y te menosprecia identificándolo como un síntoma más.
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Supuesto de incompetencia - Peligrosidad e imprevisibilidad - 'Miedo al contagio' - Vergüenza
 

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