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El testimonio de María

En este relato en su blog, Maria narra uno de los tipos de discriminación que más a menudo sufren las personas con trastorno de salud mental, el de la vergüenza de los demás. Es decir, aquel episodio de discriminación que surge a menudo cuando tu entorno, aunque quizás te apoya y quiere lo mejor para ti, termina actuando con vergüenza o bien ocultando tu situación por miedo a que te hagan daño a ti o a ellos mismos, discriminándote por tu diagnóstico por depresión, TDAH, TOC, esquizofrenia, anorexia, pánico, etc. Y hace un llamado a combatir este estigma con lo que son, precisamente estas líneas: con valor, con apoyo y rechazando ocultarse.

 

"Me llamo Maria, tengo 24 años y ya hace 3 años que convivo con el trastorno de pánico. Cuando he empezado a escribir la historia he tenido que revisar cuánto tiempo hacía que todo esto empezó. Incluso he tenido que consultarlo. ¡No me lo podía creer! Solamente 3 años y han parecido una eternidad. Realmente ha sido una muy mala experiencia. La peor que recuerdo hasta el momento, sin duda. Solía decirle a mi madre (que, pobre, ha tenido que oír de todo por mí): "estoy harta de estar todo el día pendiente de recibir aquellos amargos minutos en los que mi cabeza me hace creer que estoy caminando hacia la muerte. ¡Casi preferiría que en alguno de estos ataques, finalmente llegara la muerte!". Mi madre, a pesar de estas amargas reflexiones, siempre ha estado ahí en todo momento y ha sido la figura más importante en todo este tiempo. Me ha acompañado en mis exposiciones cuando trataba la agorafobia y tenía que ir saliendo de casa poco a poco. Ha estado conmigo cuando han llegado las recaídas. Ha estado ahí para todo, hasta para el estigma, porque para mí ha sido la personificación del estigma. Me explico.

Nunca ha querido que lo explique al resto de la familia, abuelos y tíos. Esto implica mentiras sobre el tiempo en que no fui a las comidas familiares, sobre la duración de mi estancia en la universidad realizando la carrera (de psicología, por cierto) y muchas mentiras más. También ha insistido, en cada ocasión en la que he tenido una entrevista de trabajo, en que si me preguntaba por qué dejé la universidad durante un tiempo, que nunca dijera la verdad, que nunca dijera que sufrí un trastorno de ansiedad con agorafobia que no me permitía salir de casa. Ella me quiere tal y como soy pero le corroe el miedo a que los otros no me valoren igual al saber que sufro un trastorno de ansiedad. Y la verdad es que, por desgracia, hoy en día, ese miedo de mi madre no es irreal y entiendo perfectamente que intente protegerme de sus efectos. El estigma existe y nos hace sentir avergonzados de nosotros mismos a todos aquellos que sufrimos algún trastorno. Después de todo, después de todo lo que he luchado para salir adelante, para superar mis miedos, para superar la agorafobia, para comenzar casi de cero, puedo entender el miedo que sufre mi madre cuando piensa en que puedo ser rechazada solamente por mi diagnóstico. Porque detrás de un diagnóstico hay una lucha inmensa, un esfuerzo diario, lágrimas, miedos, sueños abandonados, familiares que aunque no han sufrido el trastorno han sufrido las consecuencias, hay demasiadas cosas como para ser reducidas a un nombre, a un trastorno de ansiedad, a un "estás colgado", a un "eres un loco", "no eres normal".

Hoy escribo mi historia en nombre de todos los valientes que luchan día a día para adaptarse a un trastorno mental. Porque ya es bastante duro el camino a la mejora o la recuperación como para tener que añadir la vergüenza. Vergüenza a un estado natural. Vergüenza a una cosa que no hemos escogido. Ojalá con el tiempo, en lugar de escondernos de nuestro diagnóstico, podamos exponerlo para que él solo grite a los cuatro vientos "he pasado por todo esto y aquí sigo, y sigo adelante". Yo, María Prats Pidemunt, hoy en día estoy ORGULLOSA de haber sido diagnostigada de un Trastorno de Pánico y de haber luchado día tras día durante tres años (por ahora) para estar donde estoy ahora. Porque después de mil terapias, visitas con el psiquiatra, pastillas y más pastillas, he pasado de no poder salir de casa a vivir en el extranjero, porque he podido terminar la carrera a pesar de las dificultades que me ha supuesto, porque no me he rendido, porque tengo gente maravillosa que, después de todo, sigue a mi lado. Así que, por favor, no nos rindamos y no dejemos que el estigma convierta nuestro esfuerzo en una debilidad. ¡Gracias por leerme y ánimo! : )

Maria Prats Pidemunt"

 

 

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