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Nos cierran las puertas

 

Yo postulaba para una beca destinada a personas con discapacidad, de todo tipo, y se trataba de un puesto para trabajar en un conocido periódico. Primeramente, me entrevistó el personal de recursos humanos de una empresa ajena al mismo. En la entrevista no se me preguntó qué tipo de discapacidad tenía reconocida, solamente si necesitaba adaptación para el puesto. Les dije que no. Pasados unos días, me volvieron a llamar para comunicarme que era la candidata perfecta para el puesto y, además, me habían seleccionado para ser entrevistada por el personal de recursos humanos del mismo periódico. Muy emocionada, acudí a la entrevista. Al principio todo iba bien, el problema surgió cuando me preguntaron cuál era el tipo de discapacidad que tenía reconocido, ya que la entrevistadora "pensaba que era física". Respondí que no y expliqué que tenía reconocida la discapacidad por trastorno mental. El gesto agradable de los primeros minutos cambió inmediatamente, me daba la impresión de que ya no quería seguir hablando. Igualmente, me preguntó si había tenido "un episodio violento" o había "golpeado a alguna persona en uno de los brotes psicóticos", literal. Tal fue mi sorpresa que le respondí que yo no era una persona violenta, que jamás había pegado a nadie. Todo lo contrario, le expliqué que no tolero la violencia en ninguna de sus formas. Después de escucharme, continuó con el procedimiento de la entrevista y dejó entrar a la directora del periódico "para definir en qué consistía el trabajo". La directora amablemente me explicó las tareas encomendadas: recoger todos los periódicos del día y las colaboraciones externas de las personas que no estaban contratadas por la empresa, redactores freelance, después tenía que leer todos los artículos y decidir cuál era el más veraz, asímismo me dijo que no me preocupase que ella me iba a ayudar.

En todo momento, me habló como si yo fuese la persona que iba a ser contratada y sólo entraba para explicarme las tareas y presentarse. A todo esto, la entrevistadora del periódico permanecía ajena a nuestra conversación: ni miraba ni intervenía, sólo atendía su teléfono sin mediar palabra. Una vez terminada la entrevista, y ser despedida educadamente por la directora y fríamente por la entrevistadora que ni siquiera me volvió a mirar a la cara después de sus desafortunadas preguntas, salí a la calle con la intuición de que no iba a ser contratada. A la tarde, recibí la llamada de la empresa que me hizo la primera entrevista. Me informaban de que no había sido seleccionada y que no entendían qué había ocurrido para denegarme la beca, dado que ellos sabían que no iban a entrevistar a nadie más. A la semana siguiente, vi de nuevo publicado el anuncio de la beca en el periódico, anuncio que unas semanas antes había sido eliminado porque no se aceptaban más solicitudes. Mis ojos se colmaron de lágrimas.

Esta es la peor experiencia que he pasado en toda mi vida. Me dolió mucho, porque soy completamente capaz de desempeñar las tareas que me exigían. Lo peor fue permanecer quince minutos sentada en un despacho con una persona que ya no me veía como una joven con competencia sino como una posible asesina que iba a matar a toda la redacción. Mi familia estaba muy emocionada, al igual que yo, me costó mucho explicarlo. Lo escribo y me vuelven a caer las lágrimas. Yo, siempre lo digo en la página donde escribo, no me voy a esconder y voy a luchar por eliminar el estigma y defender nuestra posición en el mundo. Salud Mental no es sinónimo de peligro. Nos duele que nos traten mal.

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