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La suerte de tener tres enfermedades mentales

Cada día vivimos en una sociedad más hipócrita, insostenible emocionalmente, insensible e inhóspita, y mis enfermedades me han hecho, aparte de darme cuenta de este hecho, ver que los demás están a años luz de ser conscientes de ello también.

El día en que entré en el armario. No sé ni cómo ni cuándo fue, pero siempre estaré agradecido. Aunque suene extraño y alguien me tilde de raro, intentaré explicar con palabras, sentimientos anidados y confusos que sin años de exploración no hubieran sido posibles. 

Les contaré cómo lo que supuestamente era algo dañino y mal visto por los demás, poco a poco, iría dando un sentido a mi vida. Bueno, más que nada, porque no me quedaba otra. Era seguir adelante, buscando entre mis miedos y mis inhóspitos sentimientos, o perecer en el intento de ser algo que solamente podía soñar entre lágrimas desconsoladas de algún día lúcido.

Quizá hubiera sido mejor ser “normal” y hacer la vida de los “normales”, dirán. Pero, honestamente, no lo prefiero. Quizá ya estoy demasiado acostumbrado a vivir conmigo mismo y conociéndome tal y como soy, y quizá ya no me preocupa lo más mínimo que a medida que vaya pasando la vida, me vaya conociendo más. Quizá estoy tan acostumbrado a vivir tan en mí, que cuanto más conozco lo “normal” de ustedes y lo que ustedes dicen ser “normal”, a mí me parece que cobra más significado mi yo y la inmensidad de mi periplo.

Un día les diré que quienes me acompañan en mi viaje son justamente ustedes y por ese motivo les escribo: para que puedan prestar atención a aquellas personas que han dejado de lado. La vida, como la naturaleza, se regenera una y otra vez, como el invierno da fin al otoño y comienzo a la primavera para que el verano nuevamente aparezca año tras año. Todo es una enorme evolución. Como el agua que se evaporó y vuelve en forma de lluvias para manantiales, para regar los cultivos sembrados y calmar la sed. Así también es la vida interior. Así también es la naturaleza.

Unas cosas mueren para que otras cobren vida y así sucesivamente. La evolución no puede detenerse, está constantemente cambiante y hay que estar atento a ello.

Pero bueno, dejemos de filosofar. Al principio de este post escribía que hubo un día en que entré en el armario, y ese día fue importante en mi vida. Pues bien, quiero ir compartiendo con ustedes poco a poco cómo me adentré en él y como fui driblando mis enfermedades mentales (algunas de ellas me seguirán acompañando de por vida) pero no me impiden llevar una vida plena, al contrario de lo que muchos piensan. Por eso, compartiendo estas experiencias, mis vivencias, un día a día, quizá nos acerquemos un poco más a ustedes para que comprueben, de primera mano, quiénes somos.

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