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"Solo sé que no sé nada" (VI)

A veces una cosa tan sencilla como caminar por el paseo de Manresa, se transforma en un imposible. No es por como te mira la gente, ni por el ruido que hacen las motos al circular, es por como te sientes tú con el mundo que te rodea. Si uno está bien el mundo va bien, si uno está con alguna disfunción, ya sea de índole de salud mental o por causa de un percance físico (unos ligamentos rotos), si te obligan, por ejemplo, a estar postrado en una silla de ruedas, el mundo se ve de otra manera.

Por causas de un trastorno mental, el mundo se puede volver contra ti, ves enemigos por todas partes, confabulaciones, peligros inexistentes, vives caóticamente. Tienes pensamientos desordenados e inconexos y una percepción de la realidad hecha jirones. Y eso es solo el principio, hay quien tarda en darse cuenta de que el mundo no es tal como lo percibe y que es el mundo que se da cuenta de que hay algo en uno que no va bien.

Entonces y algunos aún se resisten, es lógico y esencial pedir ayuda, lo más probable es que acabes en manos de un psicólogo o psiquiatra, cosa que no debe en absoluto sorprenderte. Y no lo digo con segundas, cuando acaece algún síntoma relacionado con la pérdida de la realidad, suerte tenemos de la figura de este profesional. Permitidme un inciso, como en todas las profesiones habrán buenos y malos médicos, crucemos los dedos para que nos toque uno bueno. Y cómo no, con los pacientes pasa más de lo mismo, hay usuarios más receptivos y los hay más reacios hacia el diagnóstico. Hay quienes aceptan de buen grado el tratamiento, y hay quien piensa que él no debe medicarse pues no está enfermo. Hay quien asume que tiene una disfunción neuronal (a la cual ponen una etiqueta: esquizofrenia, bipolar, depresión) con resignación, dependiendo de lo que te haya explicado el profesional en cuestión. El resignado piensa: bueno, estoy mal de la cabeza y si sigo la medicación de por vida, podré llevar una vida normalizada, y no pasa de ahí.

Hay por suerte personas que no se conforman con un diagnóstico, y piensan como yo mismo que se puede dar la vuelta a la enfermedad y conseguir una vida digna y plena.

Nunca he dado mi brazo a torcer. Me acuerdo que a mi padre cuando le dijeron por primera vez que yo tenía esquizofrenia, ese médico le dijo también que a pesar de ello yo podía llegar a ser abogado, maestro o lo que me propusiera. Ese vaticinio me ha servido como un mantra en mi vida. El mero hecho de aceptar que tenia una esquizofrenia, pero al mismo tiempo podía acceder a estudios, trabajo, etc, me animó a luchar por ello. Tenía 21 años.

 Supongo que a mi favor tengo que hacer constar que acertaron a la primera con la medicación, haloperidol. Ha sido un compañero inseparable en mi camino, tengo 53 años y aún dependo de él.

Ahora, después de 30 años, quiero dar otra vuelta de tuerca en pro de mi recuperación. Estoy negociando con mi psiquiatra, que lo es desde 2005, la posibilidad de tomar la mínima dosis de medicación posible. No dejarla del todo, pero sí con 10 mg. de algo puedo pasar, no tomar 20 mg.

He de decir en mi defensa, que desde el año 2002, no he vuelto a tener ningún brote, manteniéndome estable y llevando una vida de lo más normal.

¿Quién dijo miedo? A lo único que me expongo es... bueno, la verdad, no entra en mi cabeza tener otro brote o dar unos pasos atrás en mi evolución, es por ello que me siento optimista, y os hago extensible este optimismo a todos vosotros, para que lejos de conformaros con un diagnóstico, intentéis llegar al fondo, a ver la luz al final del túnel.

Hay personas que se desploman, al recibir un diagnóstico que ni ellos aciertan a comprender, no hemos de dedicar una vida a entender ese diagnóstico, se trata de recomponernos anímicamente, querernos más que a nadie, por qué así amaremos a los demás, aunque parezca un contrasentido es cierto, solo teniéndonos como única referencia a la hora de ser egoístas con nuestro amor para nosotros mismos, solo así, repito seremos capaces de querer más a los otros. Pues si nos miramos al espejo cada día al levantarnos, y nos repetimos: que bien estás, no estás mal para tu edad, parece que tengo menos barriga, etc., quizás nos estemos ayudando.

Pero señores, a Dios rogando y con el mazo dando, es decir, no puedo pretender bajar la barriga, si no me pongo a dieta o a hacer deporte, no puedo gustarme si no cambio hábitos o costumbres nocivas, he de ser responsable y coherente con mi manera de pensar y de actuar. Si tengo un hijo me será más fácil intentar hacerle entender que el fumar es malo, si no me ve a mí fumando, al igual que hablarle de lo nocivo de las drogas, si lo hago desde una posición totalmente contraria y sin consumirlas.

En esta vida no se consigue algo por nada, todo tiene un precio, solo hemos de saber cuánto queremos invertir para alcanzar las metas que nos propongamos a partir de ahora y tener en cuenta de que nadie nos va a regalar nada.

Solo dependemos de una cosa, y es de nosotros mismos, nuestra mente junto con nuestro cuerpo son dos aliados invencibles cuando fluyen en una misma dirección, desde aquí no me queda más que deciros: ánimos valientes, fusionemos en un solo latido cuerpo y alma, mente y vísceras y seamos uno.

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