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Parte 4: Equilibrio de luces y sombras

Porque...quién sabría que tendría que enfrentarme a nuevos retos tan difíciles como:

• Después de un embarazo, a mis 27 años de edad, aceptar que a los pocos meses de vida de mi hijo le detectaran un cáncer hepático.
• Asimilar que debía tratarse como la mayoría, con quimioterapia.
• Enfrentarme también a que no le vieran solución y lo enviaran a un Hospital Infantil de Madrid para realizarle un trasplante como única opción.
• Seguidamente saber en nueva biopsia del hospital madrileño, que mi hijo no había tenido nunca un cáncer, sino una enfermedad metabólica.
• Realizarle un trasplante de donante vivo viendo que ya no había solución de salvar su hígado después de tantos tratamientos y tan agresivos.
• Una recuperación después del trasplante, esta vez la recuperación de mi hijo, lenta y dura y permaneciendo un año en Madrid, tan lejos de casa.

Todo esto sin sufrir crisis fuertes por mi parte, gracias no sólo a mis aprendizajes y fuerza adquirida, sino también a mis increíbles pilares como eran y siguen siendo mis padres, mi psiquiatra y amistades que valen realmente la pena.

Actualmente, estoy pasando por otro duro golpe. A partir de un rechazo agudo que sufrió mi hijo hace 3 años, aún sigue recuperándose muy lentamente...Esperando no necesitar de nuevo otro trasplante, que algunos hepatólogos ven como posible futuro para él. Por tanto, después de ingreso tras ingreso, estoy luchando por su recuperación, administrándole sus 32 dosis de medicaciones que diariamente necesita, pero procurando que lo viva con normalidad, asistiendo al cole y a otras actividades normales para los niños de su edad.

Así que seguimos con otra gran batalla, parecida a la mía, deseando que algún día mi hijo vuelva a una vida más estable, sin tanto sufrimiento y aunque sea más adelante, pueda llegar a asimilar, como yo tuve que hacer también, que su enfermedad tampoco tiene curación por completo, que por ello necesitará medicaciones de por vida para llevar una vida “normalizada” y ser consciente de sus limitaciones.

Y a día de hoy, teniendo a mis padres como ejemplo a seguir, lucharé no sólo por los míos, sino por todos aquellos que aún siguen encerrados en la sombra, para que vuelvan a su mundo REAL donde no están sol@s y puedan ver y valorar esas “Luces que hay en la Realidad” y lograr aprender de “Las duras sombras de la Irrealidad”.

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